martes, 18 de febrero de 2014

Toñito y el Almirante.

         Hace muchos años en un pueblo llamado El Zacamecate, caminaba un pequeño niño con su abuelo El Almirante. Un hombre sabio de largas barbas y cabello de cebolla; al verlo toma aire y nota la quietud que se desarrolla.

            El niño por su parte, inquieto e insurrecto brincaba al caminar por el campo abierto  y abrupto. Brinco y brinco da Toñito intentando hacer a su abuelo desesperar. Pero el amable almirante solo lo ve pasar.

          -Abuelito, abuelito. Qué es esa bolita de algodón que cuelga del alfeizar- gritó y corrió el pequeño niño como si fuera a cazar. -¡Espera Toñito!- gritaba el abuelo, -es una mariposa escondida bajo su velo.- ¿Una mariposa?- Respondió el pequeño niño.- No me mienta Almirante, que no soy cualquier granate-.

          -Las mariposas son bichos que vuelan con miles de colores. El algodón no planea aunque lo muevan los dolores-, dijo ensalzado el pequeño niño, que si bien no es apacible, es conocido por su inteligencia plausible.

 -No juzgues sin conocer, dijo tranquilo el anciano, Investiga su proceder y verás que mi razón viene de antaño-.

-Al igual que los árboles y las flores, las mariposas cambian para deleite de sus amores. Nace pequeña y escurridiza, con gracia puedes ver sobre la leña como la oruga se desliza-.

 -¿Por quién me tomas anciano insensato?, ya te dije que no soy ningún suato. Replicó molesto Toñito. A lo que su abuelo contestó con un suspiro: -¡ay mijito! La inteligencia deja de ser virtud si no se acompaña de paciencia que le dé magnitud. Continuó el abuelo. ¡Ahora déjame terminar pequeño chimuelo!-.

                La pequeña oruga vive y come, come y vive. Incrementa mucho el tamaño  en menos de un año. Mientras el mundo gira y es un entero barullo, la pequeña oruga teje, se envuelve y vive en ese capullo.

                Pasados los días, tras mucha paciencia, la crisálida rompe su abadía,  liberando su esencia. Habilidosa la grácil mariposa, extiende sus alas de forma majestuosa. Libera su vuelo y surca los cielos. Conquistando así tan añorados anhelos.

                La vida de todos desliza en distinto camino, más sin embargo, todos tenemos un mismo destino. Por eso mi niño, vive y conoce tu tierra, disfruta la viña y juega en la sierra. En algún momento tus pies cansados pedirán descanso y solo tras este volarás al ocaso.

                Eres quien fui mi dulce Toñito,  serás quien soy, un dulce viejito. Nuestro espíritu será quien dibuje el azul del cielo junto hermosas mariposas flotando libres de duelo.

Luigi



               




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