viernes, 14 de febrero de 2014

Cigarrillo en China

En su hotel, el portero detiene la puerta para facilitar su ingreso, thanks, dice Luigi al entrar, de inmediato se siente ajeno a la escena. Un grupo de gente con relucientes copas de tinto en mano, desperdigados a través del lobbie. Derroche de elegancia y pose.
Frente a él, un negro y acharolado piano de media cola, no recuerda estuviera ahí. Ensimismado, el músico, hace gala de talento, cree reconocer las notas, The Heart Asks Pleasure First, se dice convencido. A un costado, advierte el altísimo pilar que divide al gran salón, a su derecha la recepción del hotel, a la izquierda, una espaciosa sala repleta de ansiosos fumadores. Decide hacerles compañía.
Se cuela entre la gente, encuentra un lugar para sentarse, el sillón de cuero café resulta más acogedor de lo esperado. Saca un cigarrillo y lo enciende. Cruza la pierna, observa.
Podría compararse con un niño cazando mariposas, curioseando la mayor parte del tiempo. Hablando con las plantas, enviando luz al universo. Se siente cómodo sabiéndose diferente.
Siempre ha sido propenso a pensar de más, vivir en su mundo. Es de los que se detienen a observar la araña y su elegante caminar. Se maravilla al ver los temperamentales y hermosos colibríes. Su mente siempre camina, no se detiene, esto lo mantiene despierto, soñando, respirando.
El recuerdo flota, escapa, remolinea y se eleva con el humo gris. Tu padre siempre dice; tienes mucho que agradecer por las tres herencias que te otorgo; te hice alto en un país de chaparros, te hice guapo en un país de feos, te hice inteligente en un país de tontos.
Disfruta los primeros dos hechos. Odia la crudeza de lo real, no deja espacio a los matices.
Estos chinos no son tontos, la gente resulta agradable a la vista, su estructura ósea es balanceada, de constitución estética. La altura solo ayuda a ver más lejos, excepto cuando llueve, en ese caso, solo eres el primero en mojarse, si los lentes se empapan verás menos que nadie.  Replicaba sarcásticamente su mente.
Apaga el tabaco presionando fuertemente contra el cenicero la mesa frente a él. Saca el móvil, vence la espalda al respaldo. Toca la pantalla y escribe; ¿Te puedo preguntar algo María Luisa? ¿Alguna vez has destazado a una persona? Resaltado sus errores, sacado el color de sus ojos, la forma en que viste, arrancado sus secretos  y defectos, al punto en el que detienes súbitamente tu pensar y decides poner orden a tanta negatividad -presiona enviar-.
Un pequeño mensaje aparece en la pantalla, escribiendo…
Solo todo el tiempo ¿Cómo te tratan los chinitos? -contesta María Luisa-.
Por el momento todo bien, salí a caminar y me moje un poco, cambiaré mi ropa e intentaré dormir, el cambio de horario está haciendo de las suyas. No he comido pero en un rato más iré por una hamburguesa, -escribe velozmente Luigi y envía-.
Tras breve momento, aparece en la pantalla un nuevo mensaje. “Sécate bien antes de dormir, no vayas a querer estar enfermo en tu trabajo. Te llevan hasta allá para tenerte en la cama del hotel toda una semana ¡pues no!”
Ok, ok. Subo en este momento, me seco y dormiré, te mando un beso. Contesta Luigi. ¡Descansas! dice María Luisa.
Sigue las líneas negras del lustroso piso blanco, hasta llegar al elevador. Presiona el botón, chasquea la lengua. Presiona el botón un par de veces más. Las puertas se abren, sale un niño sujeto al dedo índice de su madre. No puede evitar enternecer su expresión al ver salir una gruesa lágrima del rasgado ojo y rodar en la mejilla del infante.
Sube al piso de su habitación, camina por el pasillo sin prisa. Mete la tarjeta a la cerradura eléctrica. Entra a la habitación se desnuda y extiende la ropa húmeda sobre el sillón reclinable en su alcoba. Se pasa una toalla por todo el cuerpo. Busca en su maleta, toma las prendas y las viste. Parado frente a un gran espejo, usa la secadora de cabello. Acerca el pequeño espejo de aumento, con un brazo neumático cromado fijo a la pared.
Los parpados agotados, se muestran, hinchados, amoratados. Te estas poniendo viejo, se dice a sí mismo. Esboza una sonrisa y camina a la cama. Un par de horas, nada más. Se dice mientras cierra los ojos.


Luigi

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