En su hotel, el portero detiene la puerta
para facilitar su ingreso, thanks,
dice Luigi al entrar, de inmediato se siente ajeno a la escena. Un grupo de
gente con relucientes copas de tinto en mano, desperdigados a través del lobbie.
Derroche de elegancia y pose.
Frente a él, un negro y
acharolado piano de media cola, no recuerda estuviera ahí. Ensimismado, el
músico, hace gala de talento, cree reconocer las notas, The Heart Asks Pleasure First, se dice convencido. A un costado, advierte
el altísimo pilar que divide al gran salón, a su derecha la recepción del
hotel, a la izquierda, una espaciosa sala repleta de ansiosos fumadores. Decide
hacerles compañía.
Se cuela entre la gente,
encuentra un lugar para sentarse, el sillón de cuero café resulta más acogedor
de lo esperado. Saca un cigarrillo y lo enciende. Cruza la pierna, observa.
Podría compararse con un
niño cazando mariposas, curioseando la mayor parte del tiempo. Hablando con las
plantas, enviando luz al universo. Se siente cómodo sabiéndose diferente.
Siempre ha sido propenso a
pensar de más, vivir en su mundo. Es de los que se detienen a observar la araña
y su elegante caminar. Se maravilla al ver los temperamentales y hermosos
colibríes. Su mente siempre camina, no se detiene, esto lo mantiene despierto,
soñando, respirando.
El recuerdo flota, escapa,
remolinea y se eleva con el humo gris. Tu padre siempre dice; tienes mucho que
agradecer por las tres herencias que te otorgo; te hice alto en un país de
chaparros, te hice guapo en un país de feos, te hice inteligente en un país de
tontos.
Disfruta los primeros dos
hechos. Odia la crudeza de lo real, no deja espacio a los matices.
Estos chinos no son
tontos, la gente resulta agradable a la vista, su estructura ósea es
balanceada, de constitución estética. La altura solo ayuda a ver más lejos, excepto
cuando llueve, en ese caso, solo eres el primero en mojarse, si los lentes se
empapan verás menos que nadie. Replicaba
sarcásticamente su mente.
Apaga el tabaco
presionando fuertemente contra el cenicero la mesa frente a él. Saca el móvil, vence
la espalda al respaldo. Toca la pantalla y escribe; ¿Te puedo preguntar algo
María Luisa? ¿Alguna vez has destazado a una persona? Resaltado sus errores,
sacado el color de sus ojos, la forma en que viste, arrancado sus secretos y defectos, al punto en el que detienes
súbitamente tu pensar y decides poner orden a tanta negatividad -presiona
enviar-.
Un pequeño mensaje aparece
en la pantalla, escribiendo…
Solo todo el tiempo ¿Cómo
te tratan los chinitos? -contesta María Luisa-.
Por el momento todo bien,
salí a caminar y me moje un poco, cambiaré mi ropa e intentaré dormir, el
cambio de horario está haciendo de las suyas. No he comido pero en un rato más
iré por una hamburguesa, -escribe velozmente Luigi y envía-.
Tras breve momento, aparece
en la pantalla un nuevo mensaje. “Sécate bien antes de dormir, no vayas a
querer estar enfermo en tu trabajo. Te llevan hasta allá para tenerte en la cama
del hotel toda una semana ¡pues no!”
Ok, ok. Subo en este
momento, me seco y dormiré, te mando un beso. Contesta Luigi. ¡Descansas! dice
María Luisa.
Sigue las líneas negras
del lustroso piso blanco, hasta llegar al elevador. Presiona el botón, chasquea
la lengua. Presiona el botón un par de veces más. Las puertas se abren, sale un
niño sujeto al dedo índice de su madre. No puede evitar enternecer su expresión
al ver salir una gruesa lágrima del rasgado ojo y rodar en la mejilla del
infante.
Sube al piso de su
habitación, camina por el pasillo sin prisa. Mete la tarjeta a la cerradura
eléctrica. Entra a la habitación se desnuda y extiende la ropa húmeda sobre el
sillón reclinable en su alcoba. Se pasa una toalla por todo el cuerpo. Busca en
su maleta, toma las prendas y las viste. Parado frente a un gran espejo, usa la
secadora de cabello. Acerca el pequeño espejo de aumento, con un brazo
neumático cromado fijo a la pared.
Los parpados agotados, se
muestran, hinchados, amoratados. Te estas poniendo viejo, se dice a sí mismo. Esboza
una sonrisa y camina a la cama. Un par de horas, nada más. Se dice mientras cierra
los ojos.
Luigi

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