jueves, 20 de febrero de 2014

Nacho y Cenobio


En un país del Continente Americano, más allá del ecuador, hay una nación llamada México. Cerca del centro de este gran país, en el árido desierto donde no hay ni maíz, allá en el pueblo viejo, en la cantina a contra esquina de la plaza, tras las puertas abatibles de madera color mostaza, sentados en la barra, frente a dos caballitos, un par de limones cortados a medio chupar, sal y botella de tequila que empezaba a agonizar; Se encontraban dos alegres compadres, riendo y hablando de algunos descuadres.
                -Compadre, compadrito, he tomado en demasía,  el tequila  surte efecto, mi cabeza da vueltas y la siento vacía-, ¡a que te refieres nacho! contestó el otro borracho, blandiendo la botella su mejor amigo Cenobio, con muestra en la cara de mínimo de agobio.  
                   
                -¿Qué le acongoja compadre nacho?- dijo cenobio, -Parece que busca apapacho.-

                 -Es la maría que me tiene abrumado, me grita y regaña, yo ya no soy su amado. ¡Ay cenobio creo lo hace con saña!-.
                ¿Pos que le hace? o ¿qué le dice? -Preguntaba interesado el compañero-. ¿Acaso quieres que te canonice? -Se acercó y ofreció otra copa el cantinero-.
                 -La María,  es la María, ya no habla de nuestros amores, solo echa en cara todos sus rencores; que si el futbol y que si apesto, que es el alcohol la razón, por la que ni atención presto. Le juro compadre que no hago daño. ¡Disque soy re necio! Que soy tacaño y  solo veo el precio. Pero quietecito que me quedo y la escucho murmurar, ahí, ya sé que en esos casos lo mejor es adular-. 
              
                 -Hace rato argumentó, que me la paso con mis amigos. Ahí se soflamó y me mandó a comer higos. Ay compadrito, ya no se ni que hacer, esa mujer testaruda me hace enardecer. No entiende de razones ¡yo tan bueno que soy! y ella con sus canciones-.

                -Así son las mujeres-, contestó Cenobio, -son re buenas, pero a veces te hacen sentir microbio. Yo aconsejo mi apreciable y querido viejo, que para evitar futuros problemas se deje de tarugadas. Dígale a la futura muchacha que le gusta la garnacha, las tardecitas de futbol  y las cervezas bien heladas-.
                 -Es que compadre no se haga menso, usted no piensa cambiar, por eso luego lo traen del pescuezo. Agarre una que le aguante la fiesta y lo acompañe en su siesta. Ella también se divierte, escuche atento. Aquí, todo se lleva el que les invierte. Las mujeres de hoy están muy cambiadas, no aguantan chicotes, porrazos ni cachetadas-.

                 -Ora compadre no me regañe, -contestó Nacho-, con cosas que no atañe y de que soy gacho. ¿Ósea que es mi culpa que mi vieja me grite? no lo entiendo por más que medite-.

                El cómo reaccione maría no te compete, por favor no hagas tanto brete. Lo que yo digo, es que te quedes estable con alguien más amigable. Que comparta lo que gustas y peleen a mano en las justas. Alguien con quien quieras estar, pasar veinticuatro horas sin tener que ajustar, buena amiga y compañera, que no sea solo de bañera; considerada por gusto y no obligación, al sentirse parte cómplice de tu condición. 

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