viernes, 7 de marzo de 2014

Dieguito

Hacía un verano bastante lluvioso, el pequeño niño de seis años asomó la cabeza a través del umbral, miró a su tío en actitud vacilante y dijo –Tío puedo ¿platicar contigo?-. Claro Diego, dame un segundo y te alcanzo en la sala, ya sabes que no me gusta que haya niños en mi laboratorio –contestó el científico de cabello enmarañado-.
            Pasados unos minutos el joven científico llegó al lugar acordado con una taza de café y un jugo. –es de naranja, espero te guste- a lo que el niño asintió con la cabeza ¿Qué pasa Diego? Preguntó el joven.
            Indeciso, movía inquietamente las piernitas y jugaba con los dedos pulgares, en su cara se podía ver que algo realmente le molestaba.
            -Tengo miedo tío, no sé cómo describirlo. Todos los días a las ocho de la noche mi mamá me dice que ya es hora de acostarme, me voy a mi cama, a veces muy cansado, justo cuando creo que ya estoy a punto de dormir, algo pasa, mi mente me empieza a jugar bromas.-
            -Hace un año, cuando me invadían los miedos, llamaba a mi mamá y me ponía una pequeña lámpara que los espantaba, pero ahora dice que ya soy niño grande y tengo que aprender.-
            Dieguito respiró profundamente, como si hubiera soltado un gran peso que lo estuviera aplastando.
            El Joven sonrió compasivamente a su sobrino y preguntó -¿crees que ya es tiempo de ser grande Dieguito?- Diego abrió sus grandes y redondos ojos, miró a su tío y simplemente alzó los hombros indicando confusión.
            -Todos los niños de mi escuela son valientes, no temen a la oscuridad, no miran bajo sus camas intentando encontrar algún monstruo. ¿Por qué soy el único?-
            Esta vez la sonrisa del joven científico fue más obvia e indulgente.
            No lo eres, intervino el científico –en realidad, esto que me platicas, no son más que indicios de que estás creciendo y madurando-.
            El niño se incorporó e hizo una mueca de molestia.
            -¡crecer y madurar! Si le platicara a alguien de mi escuela o a mis primos que miro bajo mi cama se reirían de mí y me dirían llorón.-
            El tío se quitó la bata del laboratorio lentamente, dejando ver su camisa de estampado con patitos de hule amarillos. –Dame unos minutos para explicarte y me terminarás dando la razón.-
            -Si lo platicaras con algún niño de tu edad y este fuera realmente honesto te diría que está pasando por una situación similar. Tal vez por temor a que te burles de él lo oculte, pero estoy seguro que muchísimos niños padecen de lo mismo.-
            -¿Cómo lo sé? Por qué es simple evolución-.
            -Al principio, cuando eras solo un bebe temías estar lejos de mi hermana, tu madre, eso, era la historia de la humanidad diciendo que no eras capaz de alimentarte o valerte por ti mismo, que necesitabas de tus padres, de la gente que reconoces, para que te proveyera de todo aquello que pudieras necesitar.-
            Diego formó una mueca en su cara, como no dando crédito a lo que escuchaba.
            -En este momento esos genes que lograron hacer que tu sangre esté presente hoy, te están indicando que tu madre no estará junto a ti todo el tiempo y que es necesario empieces a cuidar de ti.-
            -Obviamente no tienes fotografías en tu mente que muestren todos aquellos peligros que en realidad existen, así que brillantemente la evolución te ha dotado de un miedo a “algo” que tu mente ha designado como “monstruos” y estos viven en la oscuridad o recovecos como tu closet o debajo de la cama.-
            -Anteriormente vivíamos en cuevas, árboles o donde nos fuera posible. Debíamos temer a los animales. Mirar bajo las ramas, detrás de las piedras. Tu cuerpo te obliga a estar alerta antes de dormir, te pide que voltees a todos lados, para cerciorarte que dormirás en un lugar seguro, antes de desconectar la mente para descansar.-
            Dieguito rascó su cabeza intentando organizar la información que se le estaba dando.
            Es decir que ¿siempre viviré con estos miedos? –Preguntó el pequeño-.
            -No, no. Eso quiere decir que eres un niño saludable y estás creciendo a buen ritmo. Cuando tu mente haga consiente que vives en una casa, donde no entran entes extraños, te irás tranquilizando y habituando a la oscuridad.-
            -Estos miedos irán evolucionando, haciéndose más específicos. Te darás cuenta que no hay que temer a lo que tienes en tu mente, sino, a lo que habita el mundo, lo que realmente te puede provocar un dolor físico, golpes, cortadas, animales que no sean normales para ti e identifiques como potencialmente peligrosos, etc.-
            -Finalmente, cuando llegues a la adolescencia, habrás identificado mejor estos peligros e intentarás alejarte poco a poco de tus padres, harás un mayor esfuerzo por formar tu propio círculo. –
            Diego abrió la boca y esbozó un casi inaudible, -¡ah!-.
            -Nuevamente la evolución avisándote que físicamente estás casi listo, que empieces a preparar tu vida. Tu cuerpo  se hará más fuerte y te pedirá que te acerques a la sociedad donde vives, demuestres tus fortalezas (a veces de formas tontas) y te integres cabalmente a ella, aportando tu esencia a este grupo.-
            -Haciendo más fuerte tu sociedad y pasando esa información a  los que serán tus hijos.-
            -Así que dieguito, no tienes nada de qué avergonzarte, tu vida apenas comienza y eso que hoy te preocupa, el día de mañana solo será algo que te provoque sonrisas.-
            El niño dio las gracias a su tío y se fue corriendo con su madre, quien cargaba un niño en sus brazos. La abrazó y prendió su video juego.
            Ese día, cuando se fue a acostar Dieguito no temía, solo sonreía.


Luigi.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Ricardito

Abuelo, como supiste que mi Abue sería la dueña de tus quincenas, preguntó el alto muchacho en el smoking  que hojeaba la revista sentado en el equipal junto a la cama del anciano. 
            Aunque con mirada cansada, el señor de grandes orejas y mentón pronunciado, emanaba un aire de vitalidad y juventud. Se le veía de una pieza, siempre sonriente y dicharachero. En su juventud, afamado maratonista, galán indomable y querido como el que más.
            Eso fue sencillo Ricardito, intervino el viejito, -no hubo necesidad de tomar decisión alguna, cuando lo pensé ya tenía una vida amándola-.
            -Nos conocimos cuando nuestros poros emanaban juventud. Su ondulado cabello se le venía al rostro todo el tiempo. Podía ver ese rizo recorrer aquella rosada mejilla por horas en cuestión de segundos.-
            El joven Enderezó la postura e inclinando el rostro para mirar mejor a su abuelo, dijo: ¿Crees que te faltó tiempo?
            El anciano rascó su cabeza y recorrió su espalda hasta la cabecera. –Creo que esa pregunta no es tan sencilla. Viví cien vidas con tu abuela, en treinta y cinco años, ni viviendo otras cien más sería suficiente de ella. Cuando uno ama crece, si se ama siempre, siempre habrá espacio para ser más feliz y si se hace inteligentemente aún en el recuerdo se mantiene esa felicidad hasta el final de los días. De tal forma que creo, mi tiempo sigue siendo y será recortado pero justo-.
            -Abuelo, tengo días dando vueltas a un asunto, me gustaría conocer tu más sincera y cruda opinión sobre algo: Sabes que tengo un par de meses saliendo con Georgina. Bueno, pues ella es la que me trae de un ala-.
            El anciano abrió sus ojos más de lo usual, su rostro se tornó rosado y era fácil percibir que se le escapaba una sonrisilla burlona.
            Se paró súbitamente, y recargó la mano derecha sobre la madera tallada al pie de la cama -no te burles abuelo, farfulló el muchacho.
            -Siento que no es suficiente el tiempo que estoy con ella,  podemos pasar horas juntos y simplemente quiero más. Quiero hacerle entender que no pretendo seguir buscando, encontré a la persona con quien quiero pasar mis días. Pero tengo 29 y creo me faltan algunas fiestas y uno que otro viaje por realizar antes de pensar en un compromiso de ese tamaño.-
            Oh mi nieto que tonto eres, masculló el anciano. -¿tú crees que alguien, que no sea el que refleja su imagen en el espejo, puede contestar eso?-
            El hombre de la blanca cabellera giró su cuerpo y sin mayor problema incorporó su delgado cuerpo, mostrando el recuerdo de sus, alguna vez, trabajados bíceps. Levantó el brazo y señalándolo dijo, solo tú decides si es hora, lo mejor es no involucrar ajenos.
            -todos te hablarán de cómo les fue en la feria y eso solo te nublará más. Unos dirán que es tiempo, que sigas a tu corazón; Otros a tu juventud, al momento.
            -Lo único que yo te puedo aconsejar es que te desaconsejes-.
            -Visualiza tu vida, lo que más te importa, lleva esa idea a un paseo por el parque: estresado, sales de casa a buscar cansancio, quemar esa energía excesiva que eriza las entrañas. El día esta soleado pero el aire y la sombra dan un toque fresco.  El tiempo es tuyo y no sientes presión alguna ya, aceleras tu paso.-
            -Trotas un par de vueltas, te sientes agotado pero decides seguir un poco más, nunca habías llegado tan lejos a lo mejor es que no hay competencia. Tú decides si das varias vueltas más o solo una, correr o caminar, tomar un respiro, no importa eso, solo tú y tu cuerpo sabrán cuando descansar, decidirán en qué momento se debe llegar a casa tomar, una larga ducha, sentir tu cuerpo lleno de vida al secarte, caminar a la cama y abrazar tu almohada, tu vida, tu pareja.-
            Toc, toc, toc, sonó la puerta y una voz femenina grave se escuchó a través de la puerta. –Ricardo, ya es hora.-
            Pasa abuela, dijo el joven.
            ¿Qué haces muchacho? ¡Tú prometida te espera! Decía la anciana mientras acomodaba su elaborado peinado. -¡Me recuerdas a tu abuelo, en las nubes todo el tiempo!- Continuó la anciana mientras se alejaba de la puerta en dirección a las escaleras.

Fin.


martes, 4 de marzo de 2014

Lady Leticia y la Doncella Irene


Hace muchos, muchos años, en la extensa planicie, pasando los verdes bosques, los anchos ríos y la abundante agua del reino mágico, en el castillo de los libros, existió una joven pareja; Sir Edward el Bondadoso y Hermenegilda la Bella. Producto de este amor nació Lady Leticia, una hermosa y alegre niñita.
                Un tiempo después, el día de su décimo tercer aniversario, Lady Leticia tuvo su primer fiesta de cumpleaños con todo el reino, hubo festejos previos, pero este era único, por incluir a todos los integrantes de su amada tierra.
                Al terminar la fiesta con gran pastel, lechones de manzana en boca y confites, Los padres de Leticia acompañaron a su dulce niña hasta el umbral de su alcoba, contemplando a su sonriente hija mientras se dormía, iluminada por la gran luna plateada.
                Al salir de la habitación, la niña, como hipnotizada, giró su cuerpo, se sentó al borde de la cama en dirección al refulgente satélite.
                Mientras sus párpados cerrados, temblaban, como si estuviera soñando, un viento repentino invadió la habitación;  su negro y largo cabello revoloteó grácilmente. Tras un largo suspiro, la luz lunar, que iluminaba su cuerpo, se fue cerrando cada vez más y más, el pequeño y circular halo de luz relució únicamente en su frente. Un suspiro más, abrió los ojos y sintió una leve quemazón en el cuello tras la oreja izquierda.
                Caminó hacia el gran espejo junto al vestidor. Notó que todo en derredor emanaba un dulce olor a jazmín.  Confundida y un poco asustada llamó a su madre. Al encontrarse sus padres tan cerca, entraron en la habitación casi al instante.
                Encontraron a su pequeña hija mirando su cuello, turbada. – ¡Madre, padre, que es esto! revisaba la pequeña marca lunar de su piel en el espejo. Se acercó su madre y tomó suavemente su cabello.
                La Madre Luna te ha ungido con la dote ¡te ha escogido!, -dijo la madre en emocionados sollozos-, giró para mirar a su marido y continuó –tiene la marca menguante, ¡la tiene!-.
                La extrañada muchacha miró a su padre buscando alguna respuesta más certera. –Madre Luna quiere que sepas que confía en ti- intervino el progenitor.
                -¿Confía? ¿A qué te refieres padre?- dijo la niña mostrando su confusión subiendo de tono su pálido rostro. 
                -Madre Luna busca en cada reino a la niña con mayor inteligencia y aptitudes. Estas niñas son quienes procuran los ciclos en su tierra. Tu humor será su clima. Tu llanto nuestras lluvias, tu felicidad las primaveras; Los caprichos, huracanes.-
                La niña soltó en llanto, no soportaba la idea de reflejar su infantil cordura sobre toda su gente. – ¿por qué Madre Luna haría tal cosa? ¿No sabe que solo soy una niña? mi vida apenas comienza ¡Soy tonta e inexperta!-.
                -muy por el contrario pequeña- dijo la madre, -ha visto en ti gran inteligencia, no juzgues sus decisiones ya que solo ella sabe el motivo de las mismas.-
                Inconsolable y envuelta en lamentos, la niña regresó a su cama cayendo en un profundo sueño de dragones, brujas y persecución.  
                Fue al despertar cuando notó que  su madre la esperaba junto a la cama y esta le informó que los fuertes vientos y la torrencial lluvia había traído gran desgracia a su reino. Al escuchar esto Lady Leticia se vio sumida en una gran tristeza y pudo ver a través de la ventana como las nubes se tornaban más y más oscuras.
                -Leticia, mi pequeña Leticia, existe alguien que pasa por tu situación su nombre es Irene, vive en el bosque de los sátiros- dijo su dulce madre.
                -Los sátiros son peligrosos madre, no me atrevería ir ahí sin escolta.- interpuso la pequeña, -son violentos y entre sus juegos arriesgan la vida de quien cruza sus territorios ¿Qué haría una pequeña como yo ahí?-
                -Recuerda quien eres, pequeña, nadie se atrevería a herir a quien domina los vientos. Tu poder se extiende al reino, pero afecta el entorno en donde estés. Anda hija, ve y visita a Irene.-
                Así pues la niña montó su negro corcel y diestra en su montura, salió a trote, conforme el galope aumentaba las nubes y su espíritu comenzaban a clarear. Cabalgar, desde que aprendió a hacerlo la tranquilizaba. Siguió su camino hasta bordear la tupida frondosidad. Su caballo reparó, se sentía intimidado frente al gran muro de altos pinos.
                La joven bajó del corcel con insólita habilidad y pudo sentir incontables miradas postrándose sobre la piel. Acercó sus sigilosos pasos hacia el obscuro paraje.  
                -Soy Lady Leticia, ungida y señalada con la marca menguante, no se atreváis a impedir mi vía, aquel que ayude en mi camino se verá recompensado. Me dirijo hacia el hogar de la doncella llamada Irene.-
                Un tímido sátiro asomó sus cuernecillos. -Buen día Lady, la esperábamos, por favor sígame- Leticia, con fingido valor ató su corcel y se adentró en el bosque sin decir palabra alguna.
                Siguió caminando por el bosque, adentrándose cada vez más.
                Después de un considerable tiempo en silencio, la joven decidió conversar con el pequeñín. -¿Cuál es tu nombre? –Pietro-, contestó la velluda creatura, -ya no falta mucho por llegar, es aquel  gigantesco pino-.
                Más tarde se encontraban frente al inmenso árbol. Leticia se acercó al sátiro y le dio un tierno beso.- si hay forma en que pueda agradecer tu amabilidad, solo menciónala- de ninguna forma, interrumpió Pietro, el haberla conocido es mayor paga que cualquier material existente.
                En dos saltitos el sátiro se ocultó entre el verde follaje. Lady Leticia se aproximó al árbol, toco su rugoso tronco y llamó en voz alta a Irene, quien la sorprendió con un cortés saludo en su espalda.
                -Buen día dulce doncella, mi madre me ha contado que sufres del mismo mal que me acongoja. Eso me ha traído hasta aquí, es de vital importancia que me ayudes a deshacer este embrujo.- dijo presurosamente Leticia.
                -¿Embrujo? ¿Deshacer? ¡Oh mi dulce niña! esto no es hechizo o algo reversible, será tu vida y camino. Tu motivo para seguir y algún día se convertirá en tu mayor dicha. Es cierto que habrá días en que desates huracanes, momentos en que tus rabietas inunden valles y provoquen ventiscas. Eso es vivir, eso es sentir.-
                -Pero Irene, no me interesa cargar con tal responsabilidad, acaso no hay forma de detener esta maldición, sólo soy una niña que no puede cargar con su pesado morral.- intervino Leticia inundando sus ojos de lágrimas y obligándose a mantener la calma para no provocar algún inconveniente.
                -Madre Luna es sabia, y conoce tus aptitudes, tu presente, lo que fue y será. Sólo recuerda, La inteligencia no viene con sabiduría. La sabiduría habla de conciencia, de espíritu, de acción. Sin sabiduría solo eres un gran cajón que guarda conocimiento. Sabiduría es práctica.-
                -El astro Madre, no tiene interés en destruir tu existencia llenándote de responsabilidad, lo que has recibido es una bendición, te acompañara hasta el final de tus días. El ciclo vital se conforma de días soleados y generosas lluvias. Usa a favor de tu gente toda tu habilidad, los días de molestia abona de negrura los cultivos. ¿Qué ves a tu alrededor?
                El bosque, -contestó la recién ungida-.
                -Lo que ves a tu alrededor no es el bosque, son sólo unos cuantos árboles. Llegará el día en que creas y digas ¡Yo soy el bosque! En eso estarás equivocada, llevarás tanto tiempo viendo crecer todo a tu alrededor que llegará el punto en que los árboles te impidan ver el bosque. El bosque es todo lo que lo conforma, no sólo quien nació con la habilidad de modificarlo.
                Dicho lo anterior, Irene desapareció para nunca más ser vista por los ojos de Leticia.

                Entendió claramente que podría pasar su vida ahogando a su gente y a sí misma, correr y tratar de escapar de su destino o caminar admirando el paisaje, reconociendo el suelo donde pisa y embelleciendo su entorno, generando vida, siendo vida.