Hacía
un verano bastante lluvioso, el pequeño niño de seis años asomó la cabeza a través
del umbral, miró a su tío en actitud vacilante y dijo –Tío puedo ¿platicar
contigo?-. Claro Diego, dame un segundo y te alcanzo en la sala, ya sabes que
no me gusta que haya niños en mi laboratorio –contestó el científico de cabello
enmarañado-.
Pasados unos minutos el joven
científico llegó al lugar acordado con una taza de café y un jugo. –es de
naranja, espero te guste- a lo que el niño asintió con la cabeza ¿Qué pasa Diego?
Preguntó el joven.
Indeciso, movía inquietamente las
piernitas y jugaba con los dedos pulgares, en su cara se podía ver que algo
realmente le molestaba.
-Tengo miedo tío, no sé cómo
describirlo. Todos los días a las ocho de la noche mi mamá me dice que ya es
hora de acostarme, me voy a mi cama, a veces muy cansado, justo cuando creo que
ya estoy a punto de dormir, algo pasa, mi mente me empieza a jugar bromas.-
-Hace un año, cuando me invadían los
miedos, llamaba a mi mamá y me ponía una pequeña lámpara que los espantaba,
pero ahora dice que ya soy niño grande y tengo que aprender.-
Dieguito respiró profundamente, como
si hubiera soltado un gran peso que lo estuviera aplastando.
El Joven sonrió compasivamente a su
sobrino y preguntó -¿crees que ya es tiempo de ser grande Dieguito?- Diego abrió
sus grandes y redondos ojos, miró a su tío y simplemente alzó los hombros
indicando confusión.
-Todos los niños de mi escuela son
valientes, no temen a la oscuridad, no miran bajo sus camas intentando
encontrar algún monstruo. ¿Por qué soy el único?-
Esta vez la sonrisa del joven científico
fue más obvia e indulgente.
No lo eres, intervino el científico –en
realidad, esto que me platicas, no son más que indicios de que estás creciendo
y madurando-.
El niño se incorporó e hizo una
mueca de molestia.
-¡crecer y madurar! Si le platicara
a alguien de mi escuela o a mis primos que miro bajo mi cama se reirían de mí y
me dirían llorón.-
El tío se quitó la bata del
laboratorio lentamente, dejando ver su camisa de estampado con patitos de hule
amarillos. –Dame unos minutos para explicarte y me terminarás dando la razón.-
-Si
lo platicaras con algún niño de tu edad y este fuera realmente honesto te diría
que está pasando por una situación similar. Tal vez por temor a que te burles
de él lo oculte, pero estoy seguro que muchísimos niños padecen de lo mismo.-
-¿Cómo
lo sé? Por qué es simple evolución-.
-Al
principio, cuando eras solo un bebe temías estar lejos de mi hermana, tu madre,
eso, era la historia de la humanidad diciendo que no eras capaz de alimentarte
o valerte por ti mismo, que necesitabas de tus padres, de la gente que
reconoces, para que te proveyera de todo aquello que pudieras necesitar.-
Diego formó una mueca en su cara,
como no dando crédito a lo que escuchaba.
-En este momento esos genes que
lograron hacer que tu sangre esté presente hoy, te están indicando que tu madre
no estará junto a ti todo el tiempo y que es necesario empieces a cuidar de ti.-
-Obviamente no tienes fotografías en
tu mente que muestren todos aquellos peligros que en realidad existen, así que
brillantemente la evolución te ha dotado de un miedo a “algo” que tu mente ha
designado como “monstruos” y estos viven en la oscuridad o recovecos como tu
closet o debajo de la cama.-
-Anteriormente vivíamos en cuevas, árboles
o donde nos fuera posible. Debíamos temer a los animales. Mirar bajo las ramas,
detrás de las piedras. Tu cuerpo te obliga a estar alerta antes de dormir, te
pide que voltees a todos lados, para cerciorarte que dormirás en un lugar
seguro, antes de desconectar la mente para descansar.-
Dieguito rascó su cabeza intentando
organizar la información que se le estaba dando.
Es decir que ¿siempre viviré con
estos miedos? –Preguntó el pequeño-.
-No, no. Eso quiere decir que eres
un niño saludable y estás creciendo a buen ritmo. Cuando tu mente haga consiente
que vives en una casa, donde no entran entes extraños, te irás tranquilizando y
habituando a la oscuridad.-
-Estos miedos irán evolucionando, haciéndose
más específicos. Te darás cuenta que no hay que temer a lo que tienes en tu
mente, sino, a lo que habita el mundo, lo que realmente te puede provocar un
dolor físico, golpes, cortadas, animales que no sean normales para ti e
identifiques como potencialmente peligrosos, etc.-
-Finalmente, cuando llegues a la adolescencia,
habrás identificado mejor estos peligros e intentarás alejarte poco a poco de
tus padres, harás un mayor esfuerzo por formar tu propio círculo. –
Diego abrió la boca y esbozó un casi
inaudible, -¡ah!-.
-Nuevamente la evolución avisándote
que físicamente estás casi listo, que empieces a preparar tu vida. Tu cuerpo se hará más fuerte y te pedirá que te acerques
a la sociedad donde vives, demuestres tus fortalezas (a veces de formas tontas)
y te integres cabalmente a ella, aportando tu esencia a este grupo.-
-Haciendo más fuerte tu sociedad y
pasando esa información a los que serán
tus hijos.-
-Así que dieguito, no tienes nada de
qué avergonzarte, tu vida apenas comienza y eso que hoy te preocupa, el día de
mañana solo será algo que te provoque sonrisas.-
El niño dio las gracias a su tío y
se fue corriendo con su madre, quien cargaba un niño en sus brazos. La abrazó y
prendió su video juego.
Ese día, cuando se fue a acostar Dieguito
no temía, solo sonreía.
Luigi.

como para leerlo a los sobrino... :D
ResponderEliminar