Después de mucho
resistirme, tomé la insufrible
decisión de limpiar a
fondo mi casa, ya entrado en actividad, me encontré de repente, en la no muy divertida labor de sacudir. Heme ahí desempolvando los miles de adornos
acumulados en el pasar de mis años, colecciones sin sentido y recuerdos por doquier, hasta llegar
a mis Bichitos. No es por presumir, pero, soy el honorario poseedor de 5
hermosos insectos; una mantis religiosa y cuatro mariposas (ningún insecto fue dañado o lastimado en la creación de esa pequeña colección). No pretendo
discutir sobre el hecho que habitan cinco insectos en mi casa, más bien la conclusión a la que me hicieron llegar estos pequeños en cuestión.
Soy de esos que detestan las jaulas, que juzgan y acusan al
opresor, que creen en el abierto vuelo
de las aves y el libre aleteo de la mariposa. De aquellos que se disculpan con la
araña, que por
seguridad personal, tuve que dar muerte. De esos que no alterarían el cadáver del pobre insecto para preservarlo por una eternidad, de los
que polvo fueron y algún día lo serán. Aquél que conserva cinco pequeños regalos de la naturaleza en pequeños contenedores traslúcidos, para que cuando me vaya, ellos puedan
partir también (entra en escena
un Luigi azul de 4 metros brincando entre ramas y hojas que crecen en Pandora).
Bueno en realidad no imaginé tanta cosa en el
momento que sacudía y me vino la idea
de que soy más condescendiente
con mis insectos que con la gente que me rodea.
A que voy con lo anterior; no es que
tenga nada en contra de la taxidermia y aquellos que aprenden el arte de
preservar los cuerpos inertes en perfectas condiciones. Simplemente creo que,
si la vida se escapa del cuerpo, el espíritu regresa a su fuente y la masa corpórea debe hacer lo mismo, o como se diría vulgarmente, el muerto al pozo y el vivo al gozo. Irónica forma de pensar ya que a mis
insectos los quiero conservar intactos, para algún día, hacer que
vuelvan a la Gaya sin alteración alguna, pero a mis vivos los trato de
cambiar constantemente.
Qué es la crítica social, sino
un intento de hacer que los demás sean más como yo ¿Por qué trato de conservar intactos a esos, tan pequeños seres, pero pretendo modificar
actitudes y formas de pensar en terceros. ¿Será que soy un
ambientalista o solo un grandísimo hipócrita? No lo sé, tal vez sea el enorme respeto que siento por estos pequeñines.
La Mantis con sus cinco ojos y un único oído en el tórax. Presentada en
el lejano oriente como ejemplo de paciencia y precisión, llegada a América a finales del
siglo XIX desde el sur de Europa. Carnívora, enigmática, pequeña y simplemente admirable.
Por otra parte, las mariposas, polinizadoras
y mensajeras de vida, dispersas por todo el globo, habitantes de climas inhóspitos y abundantes, metamorfas, poseedoras
del ciclo de vida más enigmático y preciso que existe en la tierra. Nuestros
antiguos aztecas creían que los lepidópteros eran las almas de los guerreros caídos en batalla y hoy en día bebemos una raza de sus pequeñas larvas en el popular mezcal.
Tenemos más relación con los insectos de lo que nos gustaría aceptar, sin contar que son esenciales
para la supervivencia humana, nuestro alimento y hasta el aire que respiramos
tiene una relación directa con los
insectos. Einstein habló sobre las abejas y
nos dejó en su legado la
advertencia de que sin nuestros pequeños amiguitos los polinizadores, en específico hablando sobre las abejas, la raza humana no sobreviviría ni cuatro años.
Creo que mi atención a estos habitantes del micro mundo a diferencia de la raza
humana, merecen todo mi respeto, ya que utilizan su vida para crear vida
mientras que nosotros la usamos para simple uso y disfrute nuestro de lo
anterior desprendo y creo que su causa me parece más noble.
Luigi.

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