jueves, 23 de enero de 2014

He escuchado que el frío quema, pero que ¿el calentamiento enfríe?

No sé a ustedes, pero a mí me parece que este calentamiento global está teniendo un efecto refrescante. En medio de este invierno salido de la Divina Comedia, del mismísimo centro del círculo de los traidores en aquella novela de Alighieri. Mi cabeza testaruda exige saber y entender por qué una supuesta elevación de temperatura puede provocar tanto frío, no soy Climatólogo, pero sí bastante curioso, así que me puse a investigar y hoy les traigo mi resumen, con la única finalidad de ahorrarles incontables horas de lectura y documentales (eso, que me lean y sepan mi opinión al respecto, ¡obviamente!).

Resulta ser que este gélido clima es consecuencia de algo llamado Vórtice Polar; los vórtices polares son una especie de ciclones de aire frío, que se mantienen por lo general girando en los polos, ese remolino gigante que nos está molestando en este momento, habita por encima de la casa de Santa Claus, más o menos a la altura en que vuelan los aviones. Cuando empieza a perder fuerza o llega el invierno y crece su tamaño, desciende a tierras sureñas y nos abraza con su inclemente frío. Lo anterior no tiene nada de anormal, lo que si varía en relación con años anteriores, es lo bajo que ha caído la temperatura. 

He escuchado que el frío quema, pero que ¿el calentamiento enfríe? ¡Es ridículo! (casi tan ridículo como las concurridas tiendas en todas las plazas cuando supuestamente no tenemos nadita de dinero)... Según los expertos, y pese a mis rápidas conclusiones, por ridículo que me parezca estaba en un error.

Este frío es consecuencia de nuestro desmedido consumo de combustibles fósiles y nuestra maravillosa reserva de alimentos como para 18 generaciones (exceso de ganado) y la tala desmedida.

Curiosamente recordé un artículo que escribí hace ya algunos años, creo que en ese entonces lo mandé por correo, la verdad es que no recuerdo el medio o si siquiera lo publiqué, pero bueno, mañana lo postearé como blog del día.

Me resulta incómodo no poder generar queja alguna, al final, todo se resume a una pequeña fracción de culpa. Yo compro en corporaciones y consumo sus productos plastificados y de fabricación contaminante, me niego a viajar en transporte público y me baño con agua muy calientita, no solo en invierno, consumo energía como para alumbrar alguna villa pobre en África, no quiero ni mencionar las horas que me he parado frente algún mostrador de tienda comercial durante unos cuantos minutos pensando, ¿qué compraré, que compraré…? Y siempre salir con un pequeño envoltorio colorido y coquetón. Con todo y que tengo mil plantas en mi casa, creo le salgo debiendo al planeta mucha madera y oxígeno, producto de incontables cigarros y por productos hecho de papel o madera.

Cuando me senté a escribir, tenía mis dedos helados y lo único que podía pensar era en el “maldito e inclemente frío” (3°C, parecerá burla para los que viven más al norte), no creí llegar a la conclusión que aquí, en esta habitación, el único “maldito, inclemente y frío” soy yo. Tal vez el planeta me pretende enfriar un poco antes de freírme por completo, con la finalidad de que sienta y aprecie un poco más mí calor corporal, para que al sentir el cambio, mi cuerpo tiemble y mi corazón se vuelva cálido,


Luigi. 


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