Desde hace algunos
años me he vuelto tendiente a lo ecléctico, experimentando con música rara, no
por que suene extraña al oído, sino, un tanto ajena a la mayoría de la gente
que integra mis círculos sociales. En un futuro hablaré más a fondo de esta
afición que he ido formando, hoy quiero platicar en particular sobre el
tango.
Cuando viví en
Canadá, compré una película que en lo personal me gustó mucho, lleva por nombre
en su idioma original, Shall we dance, o también llamada en español,
¿Bailamos?. En fin, el tema musical principal, de este largometraje, se titula
santa María del Buen Aire, del
pluricultural grupo Francés "Gotan Project". Después de escuchar
aquella tan provocativa canción, me di a la tarea de escuchar toda su música y
conocer más sobre este misterioso y sensual ritmo.
Con el paso de los años me alejé un poco de lo electrónico de ese
grupo en particular y fui desarrollando mi interés en la forma más
clásica de este estilo con distintos autores, en su mayoría de principios del
Siglo pasado, que siguen siendo, quienes gobiernan y dan la pauta para este
género. He de admitir, me fui enamorando del sonido del violín (ahora mi
instrumento favorito), el piano, el contrabajo y acompañado del primo alemán del
acordeón, el bandoneón, mezclados de forma magistral y armoniosa,
evocando sentimientos de pasión y nostalgia, compases que
emocionan, remontan a otro tiempo y distinto espacio. Escucharlo es
simplemente una delicia.
Como no es nada raro
en mí, me fui adentrando, dejando atrapar por las redes de esta, hasta
entonces, desconocida música. En un momento de fanatismo, acompañado de la constante
inactividad que pulula en mi vida queretana, decidí tomar este gusto un poco más
enserio y dar el siguiente paso, tomar clases de danza.
Excelente decisión,
¡Oh maravillosa experiencia! !Que hermosa disciplina¡.
Vaya sorpresa, es
como aquel viaje que se hace con la seguridad de quien conoce, mediante otros
medios, aquel país y sabe no tendrá problema alguno, pero, cuando llega se da
cuenta que la realidad es otra muy distinta. No sólo era ajeno a la cultura del
tango sino que lo sigo siendo, existe un submundo relacionado a este tema, se
baila con el corazón, se siente a través de la pareja, una conexión que
debe existir durante toda la melodía y de no haberla simplemente, no se puede
parar uno en la postura correcta !ni hablar de bailar correctamente toda la
pieza!. Descubrí que los pivotes no sólo existen en las llantas del carro, que
los cambios de sistema y un ocho lineal no tiene que nada ver
con alguna ciencia que implique ecuaciones, sino más bien, con mucho
equilibrio, coordinación y buen oído, cosas que creí poseer y resultó ser mi
ego de Nureyev, haciéndome creer que sé escuchar y seguir el ritmo.
Honesta y tristemente, por el momento me es imposible, si escucho, no navego en
la pista y si navego sólo me concentro en no salir de carril, disociar o dar la
indicación correctamente (cosa que rara vez logro).
Resulta ser que en esta ciudad y por lo que tengo entendido en
muchas otras de nuestro país, hay grupos de personas que aman y dedican
muchísimas horas de su tiempo a fomentar este arte, no sólo impartiendo clases
sino también asistiendo a milongas, que se hacen de forma regular y casi
clandestina, no en sentido de ilegalidad, sino a la sombra de lo que ocurre en
el resto de la sociedad, si no eres miembro de este selecto grupo de aficionados, simplemente
no se conoce su existencia. Siempre son las mismas caras y se reúnen con
la misma finalidad, bailar, bailar y si queda algo de tiempo bailar, sólo ahí,
de vez en cuando, llega un agregado nuevo con algún interés afín y de inmediato
son bien acogidos e introducidos a esta sociedad.
Es por pocos sabido, que el tango tiene como abuelas las culturas
africana y europea, mezcladas por la gente de clase baja que habitaba en las
zonas urbanas del Río de la Plata (Uruguay y Argentina) a finales del siglo XIX
y principios del XX, o sea por allá de los 1800-1900.
No sé si sea normal entre aquellos que se inician en esta
noble expresión artística, pero a mí me da por invitar a cuanto
ser conozco para que la adopten como propia, que la vivan, que la
bailen y sobre todo que la sientan. Para alguien que suele sentir
a través de los poros, como yo, es increíble poder
manifestar a través del cuerpo lo que perciben tus
sentidos e interpreta tu cerebro. Lo hago mal, lo sé, pero de igual
forma llegará el día en que aprenda a plasmar en movimiento lo que hasta
hoy es solo una idea.
Luigi.

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